miércoles, 1 de febrero de 2017

Los verdiblancos bajan al suelo al todopoderoso Barcelona

El Barcelona se dejó otro pedacito de Liga en el Benito Villamarín. Llegó tarde a Sevilla y cuando quiso desperezarse ya había sonado el despertador. El tropiezo estaba servido. Suárez rescató un punto en el minuto 90 neutralizando el gol de Alegría pero los azulgrana no pudieron evitar un tropiezo acompañado de polémica que les aleja nuevamente de la Liga.

"Esto hace tres semanas era un velatorio", decía Luis Enrique. Pues bien, el Betis encendió de nuevo las velas y aparecieron los viejos fantasmas. Los fallos en la salida de balón se aparecieron en defensa, los errores arbitrales levitaron sobre el terreno de juego y el Barça volvió a ver como el miedo a perder la Liga se le metía en el cuerpo. Sólo el pánico a un nuevo error sirvió a los de Luis Enrique para hacer frente al espectro de la derrota. Y en esas apareció Luis Suárez, que en lugar de escudo llevaba el logotipo de los 'Cazafantasmas' bordado en el pecho, para suavizar el mal trago que el Barcelona pasó hoy en Sevilla.
Debió trasnochar el equipo de Luis Enrique, que no madrugó para acudir al Benito Villamarín. No estuvo Rakitic, que ni distribuyó ni recuperó, y tampoco se asomó por Sevilla la MSN hasta el tramo final. Pasó como alma en pena mientras el Betis acumulaba méritos para dar la campanada. Todo en ello en torno a un Ceballos sublime, que tomó el control del partido y ya no soltó los mandos hasta el final.

Un día más, la presióna adelantada del rival se convirtió en un suplicio para los azulgrana. Es la receta mágica, la fórmula de la Coca Cola que deja el efervescente juego del Barça en un fútbol insípido y sin trascendencia alguna. Así fue durante 75 minutos. Así fue hasta que el Betis le dio Alegría al partido y lo transformó en una preciosa locura. A ella se invitó, un día más, una amarga polémica.

Esta vez le salió cruz al Barça. En una entrada por banda derecha, Hernández Hernández se tragó un claro penalti a Neymar y un gol fantasma que no fue tal tras un despeje de Piccini en la misma jugada. El balón entró al menos medio metro antes de que Mandi lo sacase como si nada. Y el colegiado no lo vio. Y mientras, la tecnología en la sala de espera.


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